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DIPLOMADO
ON LINE DE PASTORAL EDUCATIVA
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REFLEXIÓN DE BUENDÍA |
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Continuando la misión
A pesar
de todo

A veces
querer seguir predicando se convierte en una labor penosa
y hasta en ocasiones
pensamos que infructuosa. Los
acontecimientos que suceden a diario se transforman en una
bofetada para los que consideramos mejor optar por el
amor definitivamente.
Y nos sentimos flaquear ante tantas voces que claman
por aplicar el ojo por ojo y diente por diente , que no
significan más que vida por vida, sangre por
sangre... aunque estamos convencidos que esta actitud nos
llevará inexorablemente a la muerte.
¡Aún
así debemos aferrarnos a la tarea de perpetuar el amor!
A ti
que titubeas, sólo me resta invitarte a seguir haciéndonos
fuertes en la gracia de Dios a la vez que hacer oídos sordos
a las voces que nos invitan a claudicar.
Nuestra actitud no es el resultado de la
pasión, ni de filosofías o ideologías de moda , sino de la
convicción de que eso es lo que Dios espera de nosotros.
Y
aunque nos sintamos como pequeñas islas en el inmenso mar de
las pasiones desatadas, jamás olvidar
que lo nuestro es una misión, que no por difícil es
menos importante.
La
supervivencia de una voz que a veces parece que clama en el
desierto, será
la decisiva diferencia cuando el
futuro de la humanidad se ponga en la balanza.
Por tanto, ante actos negativos de
terrorismo, de barbarie, de maldad, de injusticia, aun con
el llanto en el rostro y la fatiga acumulada en nuestra
voz, hemos de seguir exhortando a no perder de vista la meta
que es el reinado de la definitiva misericordia.
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Cartelera de la
Familia BUENDÍA y Memoria Cristiana de América |
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Nuestros
Pastores
«Así nos
ocurre también a nosotros al mirar la realidad de nuestros
pueblos y de nuestra Iglesia, con sus valores, sus
limitaciones, sus angustias y esperanzas. Mientras sufrimos
y nos alegramos, permanecemos en el amor de Cristo viendo
nuestro mundo, tratamos de discernir sus caminos con la
gozosa esperanza y la indecible gratitud de creer en
Jesucristo. Él es el Hijo de Dios verdadero, el único
Salvador de la humanidad. La importancia única e
insustituible de Cristo para nosotros, para la humanidad,
consiste en que Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida.
“Si no conocemos a Dios en Cristo y con Cristo, toda la
realidad se convierte en un enigma indescifrable; no hay
camino y, al no haber camino, no hay vida ni verdad”. En el
clima cultural relativista que nos circunda se hace siempre
más importante y urgente radicar y hacer madurar en todo el
cuerpo eclesial la certeza que Cristo, el Dios de rostro
humano, es nuestro verdadero y único salvador».
Documento Final de Aparecida,
nº 22.
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